Para la mayoría de las chicas adolescentes, ir a la moda es muy importante. Tanto, que llegan a obsesionarse con los prototipos que marcas y diseñadores imponen. Y no se dan cuenta de que esos prototipos de "belleza ideal" son totalmente irreales, y de que sólo es posible acercarse a ellos adoptando una forma de vida nada saludable. Y aún así necesitarán una buena dosis de photoshop.
En las portadas solo sale el resultado de horas de trabajo en manos de grandes maquilladores, peluqueros, estilistas, fotografos y cómo no, los expertos en ese programita informatico del que ya os he hablado; por no mencionar las operaciones estéticas a las que muchas de ellas se someten. Y todo para convertirse en algo que no son. Porque su verdadera imagen se esconde detrás de todo eso.
La cosa cambiaría bastante si las viesemos recién levantadas, tras apenas 8 horas de sueño, agotadas por la rutina y el cansancio acumulado, y bajo la constante presión de tener que demostrar a todos lo mucho que vales. Sería curioso verlas despeinadas, con esa típica ropa que todas tenemos para estar en casa, y sin las capas de maquillaje. Creo que la imagen sería bastante diferente. Y no sería peor, sería la realidad.
La verdadera belleza es esa que consiguen muchas adolescentes creando su propio estilo a partir de las prendas repetitivas de Stradivarius, Blanco, Zara... Un estilo sencillo, natural, asequible y cómodo, con el que intentan sobrevivir a la difícil tarea de ser adolescente. Un estilo que se adorna con una simple coleta, una gran sonrisa, y un intento de pensamiento positivo. Esas chicas son las que se merecen una portada. Son ellas las que deberían servir de referencia a las modelos. Porque sus caras reflejan el aceptarnos tal y como somos. Y eso es lo que las hace hermosas.
servido por Ana
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A veces no es necesario tener cosas tremendamente caras,o el último modelo de algo que esté de moda, ni siquiera hace falta tener algo exclusivo, único, para estar contenta. Es obvio que a todo el mundo le gustaría tenerlas (para qué nos vamos a engañar), pero eso no te asegura un buen día, ni te consuela en esos otros en los que parece que nada puede ir peor y, aún así, ese nada ocurre.
No. No son necesarias esas cosas para sacarte una sonrisa. Estás rodeada de pequeñas cosas que te aportan apenas unos segundos de felicidad. Pero durante esos segundos eres "feliz". Y merece la pena darse cuenta de eso.
Esos "pequeños placeres" de los que hablo son de lo más coidiano. Como comerte una oncita de chocolate cuando estás a dieta en plena operación "bikini"; o meter la mano en una bolsa de legumbres y empezar a juguetear con los dedos. ¿Quién no ha hecho eso alguna vez?
Cuando te despiertas en plena noche a las 3:30 de la mañana, miras el desperador medio dormida y piensas: "bien, aún me quedan otras tres horas y media paraque suene el maldito despertador..." y vuelves a dormirte como si nada. ¿No te da la sensación de que disfrutas más que nunca de ese ratito de sueño? O en el otro extremo: el placer cada vez menos coidiano (que con suerte se repite dos veces en semana) de poder dormir a pierna suelta, sin preocupaciones, levantarte para almolzar y seguir durmiendo.
Ver caer la lluvia pegada al cristal de tu ventana, sentir ese incómodo nudo en la garganta cuando una película te emociona (no soy cursi. A todo el mundo le ha pasado eso alguna vez y el que diga que no, miente.) o reirte con tus amigos cuando uno de ellos (a veces ese uno eres tú) dice la estupidez del siglo.
No hay nada mejor que despertarte y que te traigan el desayuno a la cama, ni nada más reconfortante que un abrazo cuando estás de bajón, o esos mimitos que te da tu mamá cuando estás malita (no sé lo que hace pero solo ella sabe hacerlo).
Seguro que has disfrutado al menos una vez de todas estas cosas, pero tal vez nunca te hayas parado a pensar en que esas pequeñas cosas son las que forman la vida, y las que la hacen más llevadera, llenándola de sonrisas. Así que admite que disfrutas como una enana con todas ellas porque, al fin y al cabo, todos somos eso: ENANOS.
servido por Ana
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