Para la mayoría de las chicas adolescentes, ir a la moda es muy importante. Tanto, que llegan a obsesionarse con los prototipos que marcas y diseñadores imponen. Y no se dan cuenta de que esos prototipos de "belleza ideal" son totalmente irreales, y de que sólo es posible acercarse a ellos adoptando una forma de vida nada saludable. Y aún así necesitarán una buena dosis de photoshop.
En las portadas solo sale el resultado de horas de trabajo en manos de grandes maquilladores, peluqueros, estilistas, fotografos y cómo no, los expertos en ese programita informatico del que ya os he hablado; por no mencionar las operaciones estéticas a las que muchas de ellas se someten. Y todo para convertirse en algo que no son. Porque su verdadera imagen se esconde detrás de todo eso.
La cosa cambiaría bastante si las viesemos recién levantadas, tras apenas 8 horas de sueño, agotadas por la rutina y el cansancio acumulado, y bajo la constante presión de tener que demostrar a todos lo mucho que vales. Sería curioso verlas despeinadas, con esa típica ropa que todas tenemos para estar en casa, y sin las capas de maquillaje. Creo que la imagen sería bastante diferente. Y no sería peor, sería la realidad.
La verdadera belleza es esa que consiguen muchas adolescentes creando su propio estilo a partir de las prendas repetitivas de Stradivarius, Blanco, Zara... Un estilo sencillo, natural, asequible y cómodo, con el que intentan sobrevivir a la difícil tarea de ser adolescente. Un estilo que se adorna con una simple coleta, una gran sonrisa, y un intento de pensamiento positivo. Esas chicas son las que se merecen una portada. Son ellas las que deberían servir de referencia a las modelos. Porque sus caras reflejan el aceptarnos tal y como somos. Y eso es lo que las hace hermosas.